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QUE LA SIGAN... DESCOSIENDO!

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Que la Sigan... Descosiendo.





Por Alan Sacchi. Especial para XNQN.
 
   Pasados ya los dos primeros partidos de la Selección Argentina podemos atrevernos, no sin cierta cautela, a analizar y hacer un balance de cómo llegamos a Sudáfrica 2010 y cómo nos encontramos hoy.
   Sabido es que Argentina, a pesar de su inagotable riqueza individual, de contar con uno de los planteles mejor valuados en este negocio multimillonario que no conoce de crisis mundiales ni de teorías cíclicas del capitalismo, de tener al mejor jugador del mundo en la actualidad y al mejor de la historia con el buzo (a veces traje) de director técnico, no llegó como candidato. ¿Por qué? Fueron esas casi trágicas Eliminatorias Sudamericanas las que desnudaron y dejaron al descubierto las falencias del equipo, en aquel momento, conducido por Alfio Basile. Se abusaba de tenencia de pelota de tres cuartos de cancha hacia atrás, no se ganaban dos partidos seguidos, no se pateaba al arco ni se creaban situaciones de gol y estrellas mundiales se ponían la celeste y blanca pasando inadvertidas.
   Después llegó el Diego, el mejor (jugador) de todos los tiempos. Sus antecedentes como director técnico no lo respaldaban, sus conductas para estar al frente de un grupo eran dudosamente aceptables. Ni hablemos de las conferencias de prensa que más adelante llegarían. El estilo de juego no cambiaba y encima llegó el 1-6 contra Bolivia. ¡Qué tragedia! “Pero claro viejo, si Diego fue el mejor jugador de la historia, pero ser técnico es otra historia, este tipo no tiene idea de cómo plantar un equipo en la cancha” Decían por ahí... Esta bien, lo acepto, decíamos por ahí. Pero no me juzgue querido amigo o amiga. Mejor explíqueme, si puede, en qué podría sustentarse mi confianza, si el juego no cambiaba y la famosa incentivación del mejor de todos los tiempos no era capaz de hacerle meter un miserable gol a Messi. A los tumbos llegamos al encuentro con Perú, vino el milagro de San Palermo, y después le ganamos a Uruguay colgados del travesaño con un cambio defensivo (sale un delantero y entra un volante de recuperación, Bolatti) que, paradójica y no menos milagrosamente, fue el autor de nuestro gol de triunfo.
   Así, habiendo probado alrededor de 100 jugadores ¡100!, llegamos al mundial. Los candidatos entonces eran España (campeón de la Eurocopa), Brasil (¿Hace falta que diga por qué?), Inglaterra, Italia, Alemania y Holanda, llegados con buenos rendimientos. Pero claro, las cosas cambiaron con el correr de los días en Sudáfrica. Vaya a saber cómo, con qué fórmula o poción maravillosa, hoy dejamos atrás un equipo que nos tenía noventa minutos con el corazón en la garganta, para pasar a crear más de veinte situaciones de gol por partido, ser profundos y colectivos, patear con precisión de larga distancia a pesar de la indomable Jabulani, ser temidos por rivales y comandados dentro de la cancha, por primera vez, por el mismo Messi del Barcelona, lo que todos esperábamos y reclamábamos. Las casas de apuestas, ahora, como los que mirábamos de reojo a estos jugadores, dimos un giro de trescientos sesenta grados.
   Claramente el balance mundialista viene siendo más que positivo. Esta selección ha crecido a pasos agigantados. En un mundial que no le escapa al emparejamiento de todos los equipos, de resultados asombrosos como el triunfo de Suiza ante España, el de Serbia ante Alemania, los empates del último e irreconocible campeón mundial, los dos partidos sin triunfos franceses (que cada vez sorprenden menos) y el Empate entre Inglaterra y Argelia, Argentina resolvió sin mayores dificultades sus dos primeros enfrentamientos.
   El primero, versus Nigeria, llegó con la ansiedad y el dramatismo propio de un país futbolero por naturaleza. Se ganó con pelota parada, jugada de pizarrón (despejadas las dudas de quienes especulaban que Maradona no trabajaba lo suficiente). Pero, a pesar del resultado ajustado, se demostró buen volumen de juego, entrega y, sobre todo, potencial ofensivo. Faltó únicamente contundencia, esa efectividad que sí tuvimos frente a Corea del Sur. Con el mismo Messi descomunal del primer partido, aún sin goles pero haciendo la diferencia, y la efectividad de un Higuaín que llegaba sin convencer a muchos y hoy le cerró la boca a todos. Otro punto a favor, es que quedó claro que hay buen recambio (Maxi Rodríguez por Verón, Burdisso por Samuel y Agüero por Higuaín). Así, se alcanzó el puntaje ideal en dos cotejos jugados.
   Rivales que aparentaban ser débiles han complicado a grandes potencias, por lo que sería injusto restarle valor a los dos triunfos de la Selección del Diez. Sin embargo, hay que ser cautelosos, sabiendo que aún no nos hemos enfrentado con firmes candidatos a llegar a instancias finales, con rivales que salgan a ganar y no a evitar una goleada. Pues hasta el momento, la defensa ha sido el punto más flojo, y resta ver como rendirá frente a equipos que nos ataquen. Demichelis, desde su lesión en el Bayer Munich, no ha brindado la misma seguridad de antes. Jonás,  improvisado lateral derecho, no parece del todo cómodo en su nueva posición.
   Maradona dejó en claro que respaldará incondicionalmente a sus jugadores y, por otro lado, con victorias bajo el brazo, será más fácil fortalecer los puntos débiles. Igualmente, no sorprendería que a partir de octavos de final reaparezcan los cuatro centrales en el fondo, pero aún es temprano para pensar en eso. Llegará pronto Grecia, el último rival por vencer en la primera fase, y después sí, pensaremos en Sudáfrica, México, Uruguay o Francia. Ahora alentemos “con los pies en la tierra” como dijo Tévez, pero permitiéndonos soñar, porque demostrado está, tenemos con qué ganar la copa.
Sacchi Alan





 



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